María Tejerina no duda cuando recuerda cómo era la economía del pueblo durante su infancia.
"Mi mamita aprendió de su madre. Antiguamente acá en Camar se vivía de la artesanía, la agricultura y la ganadería. No había otra entrada económica. La artesanía para nosotros era primordial. Aprendí de muy chica a hilar y a tejer. Después me fui a Calama, pero nunca dejé de tejer. Y ahora apareció la oportunidad de volver a rescatar nuestra artesanía, que ya se estaba perdiendo."
María Tejerina, artesana de Camar.
Su relato resume una historia compartida por muchas familias. Durante décadas, los tejidos formaron parte de la economía doméstica y de los intercambios entre los pueblos del Salar de Atacama. Los comerciantes encargaban prendas con anticipación y las familias tejían durante semanas para cumplir esos pedidos. Otras veces cargaban burros con artesanías y caminaban hasta Toconao para cambiarlas por harina, azúcar u otros alimentos.
Juana Castro recuerda esos años con una mezcla de esfuerzo y orgullo.
"Nos íbamos a pie hasta Toconao con los burros cargados de artesanía. Llevábamos leña, tambores, tejidos. Cambiábamos todo por unos kilos de harina o azúcar. Era muy triste este pueblito años atrás. Pero ahora estamos aquí apoyando para que esto siga adelante y los nietos puedan continuar lo que nosotros aprendimos."
Juana Castro, artesana de Camar.
Recuperar el oficio también significa volver al comienzo de toda la cadena. Antes del telar están los animales.
Romualdina Bernal lo explica con una sencillez que revela toda la dimensión del trabajo.
"Lo primero es tener llamas u ovejas, de donde sacar la lana. Después viene la esquila, escarmenar, hilar y recién entonces tejer. Yo tengo animales desde niña y de ahí saco la lana para hacer guantes, gorros y todo lo que tejemos. Ahora sigo aprendiendo el telar."
Romualdina Bernal, artesana de Camar.
Vilma Reyes, presidenta de Manos Artesanas de Camar, suele resumir ese proceso con una frase que todas reconocen.
"Toda la ruta es la artesanía. Criamos los animales, los esquilamos, lavamos la lana, la hilamos, a veces la teñimos y recién después tejemos. Todo se hace a mano. Por eso cada pieza necesita tiempo y tiene un valor que no puede compararse con un producto industrial."
Vilma Reyes, presidenta de Manos Artesanas de Camar.
Esa cadena completa explica por qué el tejido nunca fue una actividad separada del resto de la vida. Alimentar los animales, conocer las estaciones, cuidar los pastos y trabajar la lana forman parte de un mismo ciclo.
El profesor Jorge Fredes, artesano y formador que acompaña este proceso de recuperación, observa que el taller ha despertado algo que permanecía dormido en muchas de las participantes.
"No es tanto enseñar como despertar algo que estaba medio perdido. Empiezan a aparecer esos diálogos: 'mi madre hacía esto', 'mi abuela tejía así', 'mi padre trabajaba el telar'. La artesanía vuelve a ser un espacio donde la memoria familiar conversa con el presente."
Jorge Fredes, artesano y formador de Fundación ONA Chile.
Esa memoria aparece una y otra vez en las voces de las propias artesanas.
Florencia González, nacida en Machuca y vecina de Camar, descubre el telar como si volviera a encontrarse con una parte de su infancia.
"Para mí esta oportunidad es volver a ser niña y recordar a mi mamá cuando tejía. Ahora estamos aprendiendo nuevas técnicas, pero siento que también estamos recuperando algo que siempre fue nuestro. Tenemos metas altas; queremos que estos tejidos lleguen lejos, pero sin perder lo que representan."
Florencia González, artesana de Manos Artesanas de Camar.
Algo parecido siente Luisa Soza cuando trabaja con el telar.
"Mi padre era un gran artesano. Cuando era niña no entendía la importancia de aprender todo lo que él sabía. Hoy quiero recuperar ese conocimiento. Aprendí a tejer con espinas de cardón y ahora quiero aprender también el telar, como trabajaba él. Me siento orgullosa de ser hija de un artesano."
Luisa Soza Tejerina, artesana de Camar.
Mientras las mujeres hablan, el telar sigue avanzando lentamente.
Las conversaciones cambian de tema. Alguien recuerda una receta. Otra pregunta por un nieto. Se comenta una reunión de la comunidad. Afuera, la plaza mantiene el ritmo tranquilo de un pueblo pequeño.
Dentro de esa antigua escuela, las manos siguen aprendiendo.
Y quizá eso sea lo más valioso de este taller.
No solamente produce tejidos.
Vuelve a tejer una comunidad.