Salud para permanecer en el territorio

Salud para permanecer en el territorio

En los oasis del Salar de Atacama, la salud nunca ha sido solamente una prestación pública. Durante décadas, acceder a una atención médica significó recorrer largas distancias hasta San Pedro de Atacama o Calama, esperar la llegada de las rondas médicas o postergar controles por las dificultades propias de vivir en el desierto. En ese contexto, la Comunidad Atacameña de Camar decidió asumir un papel activo para fortalecer la atención de salud de sus habitantes, complementando el esfuerzo permanente del Estado mediante la gestión de recursos, alianzas y proyectos que permitieran acercar servicios especializados al territorio.

Ese trabajo sostenido ha permitido que la antigua Estación Médica Rural evolucione de manera significativa durante la última década. Hoy cuenta con un equipo permanente de profesionales, equipamiento clínico, operativos de especialistas, programas preventivos, medicamentos gratuitos y nuevas capacidades diagnósticas que han cambiado la vida cotidiana de la comunidad. Paralelamente, la aprobación de una nueva Posta Rural reconoce institucionalmente un proceso que Camar venía construyendo desde mucho antes.

La enfermera Ivette Cruz Reyes, encargada de la Unidad de Salud, explica ese cambio desde su propia experiencia:

"Estación médica rural es un establecimiento en donde antiguamente venían profesionales solamente por el día y se iban, no había personal permanente. Actualmente seguimos siendo una estación médica rural, pero vamos en camino a ser posta. Tenemos una dotación de profesionales de dos médicos en turno 7 por 7, un TENS, un fonoaudiólogo, un kinesiólogo y una enfermera. Alrededor de la población estamos bordeando las 150 personas, aunque también atendemos a trabajadores que llegan temporalmente a la comunidad y que muchas veces sufren accidentes."

La presencia permanente del equipo de salud ha permitido desarrollar una estrategia mucho más preventiva que reactiva. Junto a las prestaciones habituales de la atención primaria, la comunidad ha impulsado convenios y financiamiento para acercar especialistas directamente a Camar, evitando traslados innecesarios para personas mayores, mujeres embarazadas, niños y pacientes con enfermedades crónicas.

La propia Ivette Cruz resume así ese esfuerzo:

"Hemos hecho operativos de dermatología, de oftalmología —donde incluso se entregan los lentes— y operativos geriátricos para atender a los adultos mayores con sus especialistas y medicamentos. La intención es que nuestros comuneros no viajen y que la atención sea aquí, en su casa."

La prevención constituye otro de los pilares del trabajo sanitario. Vivir en uno de los territorios con mayor radiación ultravioleta del planeta obliga a desarrollar campañas permanentes de autocuidado.

Como explica la enfermera:

"Siempre hemos promovido mucho la prevención del cáncer de piel. Todos los años tratamos de traer un dermatólogo. Tenemos un semáforo que indica la radiación y casi siempre estamos en nivel violeta, la radiación máxima. Por eso insistimos en el uso de protector solar, mangas largas y sombrero. También promovemos mamografías, Papanicolau, exámenes médicos preventivos y talleres de actividad física para enfrentar la obesidad infantil y adulta."

Ese trabajo cotidiano convive con un profundo respeto por la cultura Licanantay.

"Como estamos insertos en una comunidad indígena, tenemos que tener empatía con el paciente y sus tradiciones. Acá todavía se utilizan hierbas medicinales para algunas enfermedades y nosotros buscamos compatibilizar la medicina tradicional con la medicina actual, siempre respetando las tradiciones."

La memoria de antiguos conocimientos permanece viva en la comunidad. Ybeth recuerda que su propio abuelo, Emiliano Cruz Fabián, fue durante años partero en Camar, cuando las familias debían enfrentar los nacimientos sin caminos ni acceso inmediato a servicios médicos.

El médico Gastón Sepúlveda observa esa misma transformación desde la práctica clínica cotidiana.

"Acá realizamos atenciones de atención primaria y de urgencias. Gracias a todo lo que se ha gestionado por la misma comunidad y su equipo del directorio podemos aumentar el espectro de esas atenciones y hacer mucho más de lo que sería posible sin esos apoyos. Es una estación médica rural que tiene muchos más recursos de lo que yo he visto en cualquier otro establecimiento similar donde he trabajado, tanto en la Quinta Región como en la Región Metropolitana. La población tiene acceso a recursos que no existirían en otro lugar."

Su testimonio refleja un aspecto poco habitual en la atención rural: la propia comunidad ha fortalecido las capacidades del establecimiento mediante recursos complementarios, permitiendo ampliar prestaciones y mejorar la calidad de la atención.

El médico Ignacio Caba, incorporado recientemente al equipo, destaca el mismo fenómeno desde otra perspectiva.

"Si bien es una estación rural con características básicas, en comparación con otras localidades tiene muchas cosas que normalmente no existen. Eso permite enfocarse realmente en la comunidad. Es una población expuesta a muchos riesgos, especialmente por la radiación solar, pero también por la distancia con los centros urbanos. Lo importante es acercar el sistema de salud a las personas, educar, prevenir enfermedades futuras y facilitar el acceso a controles médicos."

Al mismo tiempo, el profesional destaca un rasgo profundamente humano de la comunidad.

"Hay un respeto muy especial por los adultos mayores. Son un patrimonio vivo de la comunidad, una figura muy importante tanto en lo espiritual como en lo cultural. Por eso es tan importante acercar la salud hacia ellos y facilitar el control de sus enfermedades."

Durante los últimos años, ese fortalecimiento ha permitido incorporar programas y equipamiento que hace pocos años parecían impensables para una localidad de estas características. Entre ellos destacan campañas preventivas permanentes, vacunación continua, entrega gratuita de medicamentos, atención de urgencia las veinticuatro horas mediante turnos médicos, operativos periódicos de especialidades, programas de rehabilitación kinesológica, apoyo fonoaudiológico, acceso a medicamentos de alto costo cuando son necesarios, entrega de lentes ópticos, equipamiento clínico especializado y, más recientemente, la incorporación del primer ecógrafo de la comunidad.

La memoria institucional resume ese avance señalando:

"La implementación del ecógrafo permitirá realizar diagnósticos más oportunos y eficaces, beneficiando especialmente a personas mayores, mujeres embarazadas y usuarios con movilidad reducida."

En ese mismo documento, la enfermera Ybeth Cruz destaca el impacto concreto de esta incorporación:

"Esta herramienta facilitará enormemente el trabajo médico en terreno y evitará traslados innecesarios a San Pedro o Calama, mejorando la calidad de vida de nuestra comunidad."

Estos avances forman parte de un proceso más amplio de desarrollo comunitario que también ha permitido implementar proyectos de agua potable, saneamiento, energía fotovoltaica, infraestructura ambiental y fortalecimiento de capacidades locales, fruto de alianzas de largo plazo entre la comunidad, instituciones públicas y empresas privadas.

Ese proceso recibió un reconocimiento decisivo cuando el Consejo Regional de Antofagasta aprobó los recursos para construir la nueva Posta Rural de Camar. El proyecto contempla una infraestructura de 357,92 metros cuadrados, cinco boxes de atención —incluyendo atención dental y gineco-obstétrica—, mejores espacios para pacientes y profesionales y una capacidad muy superior a la actual.

Más que el inicio de una nueva etapa, la futura posta representa la consolidación de un camino recorrido durante años. Un camino en que la comunidad no esperó pasivamente que las soluciones llegaran desde fuera, sino que asumió un papel activo en la construcción de mejores condiciones de vida para sus habitantes, entendiendo que el derecho a la salud también puede fortalecerse desde la organización comunitaria, el diálogo y la colaboración con las instituciones públicas y privadas.